El salto que ha dado la inteligencia artificial (IA) en los últimos años representa apenas una fracción de su verdadero potencial. Según Dario Amodei, CEO y cofundador de Anthropic, actualmente solo se aprovecha entre el 5% y el 10% de su capacidad real.

Durante la inauguración de Dreamforce 2026 en San Francisco, Amodei analizó el estado actual de la IA, su ritmo de adopción y los riesgos que conlleva el desarrollo de sistemas cada vez más avanzados. “El progreso de la IA y la velocidad con la que estos sistemas se han integrado a productos y actividades económicas superaron mis expectativas de hace una década”, aseguró.
Estas declaraciones cobran especial relevancia en medio de la reciente renuncia de un exempleado de Anthropic, quien advirtió sobre los peligros de crear sistemas con capacidad de auto-mejora sin contar con las garantías necesarias para su control.
En su presentación, Amodei destacó la brecha existente entre lo que la inteligencia artificial puede hacer y el nivel actual de uso. “Incluso si congeláramos su desarrollo en el estado actual —lo cual no sucede, pues seguirá mejorando— solo estaríamos utilizando entre el 5% y el 10% de su valor potencial”, afirmó.
Su estimación resulta particularmente significativa, dado que proviene del líder de una de las compañías pioneras en el desarrollo de modelos avanzados de IA. Amodei también señaló que la tecnología ha avanzado más rápido que la capacidad de las personas y organizaciones para integrarla efectivamente en sus actividades. “La cantidad de usuarios conscientes de estas capacidades es todavía pequeña en comparación con quienes podrían beneficiarse de ellas. Por eso, queda un amplio margen para que las herramientas de inteligencia artificial generativa y agentes inteligentes amplíen su presencia a nivel mundial”, agregó.
Con más de una década en el campo de la IA, y habiendo participado en investigaciones sobre las llamadas leyes de escalamiento que anticipan cómo aumentan las capacidades de los modelos con más datos y recursos, Amodei confesó haberse sorprendido por la rapidez con la que estos sistemas se han vuelto centrales en diversos ámbitos. “Teníamos predicciones sobre la capacidad de los modelos, pero no dimensionamos la velocidad con la que se volvieron fundamentales para todo lo que ocurre en el mundo”, indicó. Además, se mostró impactado por la rápida adopción que las nuevas herramientas han tenido entre los usuarios.
Las declaraciones de Amodei se producen una semana después de la renuncia de Jacob Coxon, investigador que trabajó en el preentrenamiento de modelos en OpenAI y Anthropic. Coxon alertó que ambas empresas están desarrollando una inteligencia artificial capaz de auto-mejorarse sin haber resuelto cómo mantenerla alineada con los objetivos humanos. “Las personas que construyen IA creen sinceramente que podría matarnos a todos antes del final de esta década. Esto no es una estrategia de marketing”, escribió Coxon, además de acusar a los laboratorios de apostar por una “superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma” y de “jugar con nuestras vidas”.
Varios empleados de Anthropic respaldaron públicamente estas advertencias. Por ejemplo, Evan Hubinger, responsable de investigaciones de alineación, afirmó que existe una probabilidad superior al 10% de que la IA provoque la extinción humana en la próxima década, y reconoció que la empresa aún no cuenta con un plan capaz de garantizar la alineación de una eventual superinteligencia.
Como respuesta, Anthropic señaló que ha comunicado tanto los beneficios como los riesgos de la inteligencia artificial. La empresa confirmó que evalúa sus modelos para detectar capacidades peligrosas en áreas como ciberseguridad y biología.
Cuatro días después de la renuncia de Coxon, Amodei publicó el ensayo “We Must Pace the Frontier” (“Debemos marcar el ritmo en la frontera”), donde pide reducir la velocidad del avance en las capacidades de los modelos de IA para dar tiempo a las investigaciones en seguridad, evaluación, control e interpretación de su funcionamiento.
Su propuesta incluye tres medidas principales: incorporar evaluadores externos dentro de los laboratorios, establecer estándares comunes entre empresas de países democráticos y buscar mecanismos internacionales de coordinación con sistemas verificables.
Durante Dreamforce 2026, Amodei amplió su manifiesto: “Debemos revisar todo, mejorar prácticas, reafirmar el compromiso con la transparencia e invertir más en seguridad. Luego, debemos reunir a la industria para definir estándares comunes y mejorar las normas. Finalmente, debe existir un componente internacional. Estos son, esencialmente, los tres pasos de mi ensayo. Ya nos comprometimos con el primero y estamos en diálogo con el sector sobre los otros dos. Creo que esta es la forma de avanzar en la industria: dar el ejemplo y reconocer que todos podemos mejorar”.
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