Lionel Messi comenzó y terminó el Mundial 2026 con lágrimas. Hoy, sus palabras cargadas de emoción y las imágenes que recorrieron las redes sociales, los portales y las páginas de diarios de todo el mundo adquieren un nuevo significado. Resaltan su rendimiento, su pasión por el fútbol y su compromiso con la Selección Argentina. Como un líder nato, el capitán permaneció al frente del equipo. En medio de la competencia, vivió un vaivén de emociones; algunas evidentes, otras percibidas y muchas guardadas en lo más profundo.

La lucha de su papá, Jorge Messi, era conocida, pero su agravamiento justo antes del inicio del Mundial no. Lionel lo confesó públicamente cuando, tras anotar un golazo en el triunfo 3-0 ante Argelia en el partido inaugural, las lágrimas que recorrieron su rostro durante varios minutos respondían a “una cuestión ajena a lo deportivo”. El entrenador Lionel Scaloni lo abrazó emocionado, consciente de lo que sucedía. Sin embargo, el mensaje que Messi esperaba no llegaba.
Lo que siguió fue una búsqueda de información que carecía de sentido divulgar. Recibir notificaciones con noticias falsas debió ser uno de los peores momentos en esas mañanas de Mundial, agravado por la diferencia horaria en Estados Unidos. Mientras en la concentración argentina empezaba el día, en Argentina ya circulaban sin pausa múltiples noticias distorsionadas. El 18 de junio, más allá de las declaraciones de Florencia Peña, se vivió la jornada con mayor cobertura mediática, salvo por la previa de la final. Esta exposición también desgastó la mente, aunque potenció el rendimiento de Messi.
En ese contexto, Lionel cumplió 39 años, por decimoséptima ocasión concentrado con la Selección. No solo estuvo lejos de su padre Jorge y su madre Celia, sino también de su esposa Antonela Roccuzzo y sus hijos Thiago, Mateo y Ciro. Sus compañeros lo arropaban, le obsequiaron camisetas con fotos juntos y lograron sacarle sonrisas.
Messi cumplió su promesa de disputar los ocho partidos de su último Mundial, superando a siete rivales y, sobre todo, al tiempo que no le permitió disfrutar más momentos junto a su padre.
Por más previsibles que sean, las despedidas nunca encuentran preparación. A pesar de su fortaleza, Messi es un ser humano que siente y vive intensamente.
Perdóname, Leo, necesito decir esto aunque suene egoísta y difícil de aceptar hoy: tras haber levantado la Copa del Mundo en 2022, parecía que no te quedaban desafíos. Ese gesto cruzando los brazos hacia el palco donde estaba tu familia y tu padre redefinió el significado de competir.
Sé que ahora escribiste que no sabes qué hacer sin tu primer hincha, pero te quedan muchos más. No solo los millones que desconocés. Mamá Celia seguramente seguirá recibiendo camisetas, Antonela te mirará con orgullo en cada logro y Thiago, Mateo y Ciro, tus tres soles, celebrarán tus goles como sus superhéroes favoritos. Porque vos sos su superhéroe.
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